El Maharahá que cumplió cien años.
A veces nos creamos unas obligaciones muy dañinas. Nos hacen un favor con cariño, y creemos que tenemos la obligación de devolverlo… ¿No se supone que si e sun favor, es un acto desinteresado? Sí, ya lo sé, que existe la falsa leyenda de que cualquier regalo hay que devolverlo. Pero… ¿y si esto nos lo planteamos cuando cumplimos cien años?
Gracias por estar ahí. Que lo disfrutéis.
Cuando él rezó…
A veces, solo miramos con los ojos de nuestra cara para ver lo que creemos es la realidad… ¿Y si miráramos con los ojos cerrados? Con los ojos del corazón. Quizá, sólo quizá, podríamos darnos cuenta de que cuando sonreímos, lo hacemos igual. Cuando lloramos, sentimos igual. Cuando amamos, amamos igual. Gracias por estar al otro lado. Que lo disfrutéis.
El Ánfora de Oro
En el camino del autocrecimiento, no siempre estamos dispuestos a creernos todo lo que nos dicen. Por poner un ejemplo, si meditas media hora al día, estarás más relajado, y dormirás mejor. Eso parece bueno, pero hay que dedicarle 30 minutos al día y no hay tiempo para eso…
El elefante encadenado
¿Hasta que punto es cierto cualquiera de nuestros “no puedo”? Cada vez que decimos “no puedo” estamos haciendo uso de nuestras memórias, grabadas en algún momento de nuestra infancia, en la que sentimos eol enorme peso del mundo y no pudimos hacer algo, esa memória, puede regrabarse con un “Sí puedo”
Que lo disfgrutéis!
La ciudad de los pozos
A veces creemos que para poder crecer, tener que separarnos de aquellos que no desean crecer, o que para conseguirlo, necesitamos “poseer” la sabiduría de los otros.
A veces sentimos la necesidad de crecer hacia fuera, de expandirnos ocupando más y más espacio, pero eso no nos llena, no nos satisface. Sentimos una necesidad imcomprensible de hacer lo mismo con lo que otros fracasaron antes, pero aun así lo hacemos. ¿Por qué? ¿Que estamos haciendo mal?
A veces… necesitamos un cuento que nos haga saber más y mejor que necesitamos.
Que lo disfrutéis!
El principado de Uvilándia
¿Para qué voy a esforzarme en hacer algo por cambiar las cosas si nadie lo hace? Bueno sí, siempre hay alguien que dice hacer, pero no es suficiente. El día que todo el mundo se ponga en pie, yo me tomaré la molestia de hacer lo mismo. Además, ¿quién iba a darse cuenta?
Que lo disfrutéis!
Los niños solos.
¿Somos verdaderamente conscientes de lo que somos capaces de hacer? Cada vez que nos decimos, “yo esto no podría hacerlo”. No me refiero sólo a lo malo de lo que seríamos capaces de hacer en una situación difícil, hablo de los impedimentos que nos ponemos a nosotros mismos cada día, sin darnos cuenta, y que siempre tienen la excusa perfecta, a punto para disculparnos.
Bien podríamos recordar, aunque sea por un momento, de lo que éramos capaces de hacer por nuestro propio bien cuando éramos niños.
Que lo disfrtéis.
El precio del collar.
El precio de un objeto, no siempre es lo que verdaderamente marca su valor. “Ella pagó el precio más alto, puesto que dió todo cuanto tenía” Este cuento nos recuerda la importancia de hacer las cosas con amor y sin esperar nada a cambio, dando así, el máximo de nosotros mismos.
Que lo disfrutéis.
La cama del hospital.
A menudo damos cosas por sentado que no son lo que parecen ser en un principio. Este cuento nos lo recuerda, espero que lo disfrutéis.