Qué son las contracturas y cómo hacerles frente

Una contractura consiste en la contracción involuntaria y continuada de un musculo. Para poder mover nuestras articulaciones los músculos se contraen y relajan continuamente. Pero a veces un músculo no consigue relajarse del todo, cada vez permanece en un estado parcial pero mayor de contracción.

Si nuestro bíceps estuviera totalmente contraído tendríamos permanentemente el codo doblado. Las contracturas no provocan este tipo de inmovilidad. Más bien afectan a porciones de los músculos grandes o, a veces, una gran parte de los músculos pequeños como los de la espalda o el cuello.

Estas contracturas, porciones musculares que no pueden volverse a relajar, las notamos como pelotas duras debajo de la piel en los músculos más cortos o como cordones con mayor densidad a lo largo de los músculos más largos. Las podemos encontrar en cualquier parte del cuerpo. Pero hay que decir que la tensión excesiva en las cervicales y parte alta de los hombros son un mal generalizado. La buena noticia es que si no dejamos que el asunte se agrave, la solución es sencilla. Especialmente si estamos dispuestos a adoptar algunas rutinas para nuestro bienestar.

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¿Cuáles son los factores que facilitan las contracturas?

  • Llevar una vida sedentaria, falta de ejercicio (muscular y cardiomuscular).
  • Permanecer mucho tiempo en la misma postura.
  • Un esfuerzo físico excesivo o repetitivo, que provoque sobrecarga muscular.
  • Problemas de circulación y tono muscular bajo.
  • Estrés físico, mental o emocional. Exceso de fatiga.
  • Mala postura, en la vida cotidiana o en el trabajo.
  • Mala alimentación: exceso de azúcar, beber poca agua, exceso de alimentos procesados, no llevar una dieta equilibrada, abusar de la cafeína…

¿Cómo prevenir las contracturas?

  • Bebe mucho líquido y incluye alimentos ricos en nutrientes y vitaminas en tu dieta. Toma fruta y no abuses de la sal.
  • Realiza ejercicio suave para fortalecer las articulaciones, camina a diario y no olvides de ejercitar la columna vertebral.
  • Observa y corrige tu postura frente al espejo.
  • Evita el estrés practicando técnicas de relajación.
  • Cuando pases mucho tiempo en una posición (por ejemplo ante el ordenador) o realizando el mismo movimiento, es necesario hacer pausas, movilizar y estirar los músculos implicados y descansar brevemente.

Recuerda que el masajista te dará pautas de prevención personalizadas adecuadas a tu estilo de vida y tus rutinas diarias.

¿Qué hacer frente al dolor?

  • Lo primero es bajar el ritmo, descansar y reposar.
  • Aplica calor seco para estimular la circulación. Nunca frio intenso en una contractura muscular.
  • Date baños de agua fría y caliente, también para estimular la circulación. Pero siempre acaba sintiendo como el calor relaja tu músculo.
  • Usa anti-inflamatorios naturales. Existen todo tipo de aplicaciones para la piel como alcohol de romero, manzanilla o aceite de oliva. En las herbodietéticas encontrarás cremas antiinflamatorias con árnica, caléndula, harpagofito… Su resultado sobre los problemas musculo-articulares son muy buenos y son inocuas para la salud. También existen preparados similares en extracto o pastillas, pero consulta a un experto antes de tomarlas. Si tienes problemas de tensión arterial o circulación, consulta a tu terapeuta antes de usar ningún producto.

¿Cuándo necesitamos ayuda profesional con una contractura?

Es importante visitar un buen masajista cuando el problema no se soluciona por sí mismo o si tiene mayor gravedad. De esta manera recuperaremos nuestra calidad de vida y evitaremos que el mal vaya a mayores (existe el riesgo de generar una lesión). Si la situación tiene una mayor gravedad en el momento de la visita el masajista profesional será capaz de reconocerlo, evitar hacerte daño y derivarte a un médico para que, con las pruebas diagnósticas pertinentes, determine un diagnostico. Así que recuerda, visita un masajista:

  • Cuando existe dolor y no remita en el plazo de tres o cuatro días.
  • Cuando vemos impedido algún movimiento como girar el cuello, alzar el brazo, doblar la espalda…
  • Además de dolor sientes pinchazos o sensación de descarga eléctrica, hormigueos, o adormecimiento de una extremidad.

Si padeces dolor y necesitas la ayuda de un masajista, concierta una cita con nosotros.

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